A oscuras quedó mi habitación tras tu portazo de lamentación, el fuerte volteo apagó las velas que había encendido para ti y con ellas se apagaron las ilusiones puestas en tus sonrojados labios color carmín.
No debí dejarte marchar tan bruscamente, pues ahora ya nada tiene sentido honestamente, miro con furor la ultima copa de la que bebiste, en la cual jamás saciaras la sed del amor que no recibiste.
Fui interesado de tus besos y tus carantoñas, buscaba en ti un pequeño espacio de juegos para mí, no supe reprimir mis actos y equivocado resbalaba “ipso facto”.
Lamento no tener la constancia de un amigo ni la paciencia de un mendigo, por eso te pido que no vuelvas, o caerás de nuevo en el abismo.
Valentía y coraje de mujer son tus armas, las cuales dañaban mi caparazón y entre sus grietas se filtraban, pequeños destellos de dulzura y simpatía que apenas alcanzaban este corazón sumido en la desdicha.
Dispersas tus ideas y dejas sentir indiferencia pues de poco te interesa que yo muestre con cabreos mi incerteza.
"Ya sabes como se mata el afecto de una violenta pasión" (Hamlet)
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1 comentario:
El hombre que tiene miedo sin peligro inventa el peligro para justificar su miedo.
(Emilie Chartier Alain.)
Besos.
Leire.
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