Las primeras páginas de la Biblia explican que Dios creó el mundo en seis días y descansó el séptimo. Este séptimo día se volvió el día de descanso en todo el mundo...
Día de descanso físico y mental, desconectar y relajarse, familia y amigos, horas de ocio, hobbies o en algunos casos aprovechado para tareas pendientes u obligaciones.
24 horas, 1.440 minutos y 86.400 segundos fugaces para unos y eternos para otros...
Día deseado por muchos que esperaron su llegada durante toda la semana, otros tan solo se limitan a pasar de largo, siendo para ellos un día sin más importancia que el resto...
El venerable "día del sol o día del señor", Dominicus en latín, Domingo en español.
Cuando uno ronda cierta edad se hace más difícil mantener la mente despejada evitando así malestares y extremas comeduras de cabeza, cuando al fin lo acabas consiguiendo tienes claros síntomas de embriaguez y un galopante dolor craneal (véase "Una ebria realidad" tres entradas atrás) así que mayoritariamente si uno puede permitírselo es preferible pasar gran parte del domingo en la cama a poder ser durmiendo profundamente.
Durante la adolescencia y parte de nuestra primeriza vida adulta son muy probables los despertares en la sobremesa del domingo, el malestar notorio o simplemente la pesadez de dormir mal y pocas horas (o muchas según se mire) hacen que fijemos nuestra atención en nuestros deseos de comer, ducharnos, tomar el aire o acabar tirados en cualquier superficie cómoda cuanto antes.
Nuestra actitud cambia a raíz que cambia nuestro estilo de vida y comenzamos a ver los amaneceres esplendorosos de los domingos primaverales en alguna cafetería, bareto o algún lugar donde podamos llevarnos algo a la boca en forma de desayuno.
Siempre seguirán ahí las excepciones en las que amaneceremos en el interior de algún local divino o camino en coche de nuestro hogar, con esas ganas locas de acariciar la almohada y olvidar todo lo pasado la noche anterior.
Quizás esta no sea la peor parte, ya que el disfrutar de un amanecer sea cual sea el motivo es siempre un alivio tras la oscuridad de la noche la cual nos ha confundido a muchos de nosotros en alguna ocasión.
Si tras todo lo ocurrido uno consigue llegar al atardecer, ya sea amuermado o bien despierto, con la conciencia tranquila y la mente despejada será proclamado sin duda alguna el ganador de la jornada.
Pero toda batalla ganada trae consigo el lastre de lo ocurrido, un ir y venir constante de relampagueantes recuerdos y pensamientos que nos acompañarán al final del crepúsculo de cada día de nuestra vida, de cada nuevo domingo.
"Cualquier mes que comience en domingo tendrá un viernes 13".
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