Llegó el momento en el que el cansancio hace mella. Agotados
de caminar por senderos llenos de zarzas y rosas a las que se les acabó la
primavera, allí quedará la sangre que derramamos al pincharnos una y otra vez en
ellas.
Ahora mismo no lo veo, pero quizás en mitad del camino que
tomemos, veamos el sol brillar, abriremos los ojos y nuestro corazón palpitará
sintiendo la brisa de vientos nuevos que nos harán olvidar.

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