Un momento de reflexión jamás viene mal cuando hablamos del amor, recapitulando momentos, me paso unos minutos valorando mis acciones a la vez que tengo ganas de comerte esos morritos los cuales me enloquecen cada vez que rozan los míos.
Andaba dudando si nuestro amor es prematuro, si esto es un valle frondoso y floreado en mitad del desierto de lagrimas en el que me hallaba el pasado verano, atascado entre las grandes dunas y a veces atrapado en las arenas movedizas de mi subconsciente dándole vueltas al pasado y presente temiendo al futuro como cual tormenta de arena.
Bajo tu mirada correteo como un lagarto en busca de sombra, cabizbajo y sorprendido encontrando siempre tus pechos como cobijo. Espero que esta sensación perdure hasta la eternidad y mis nervios me permitan amarte cada día más. Me lleno de orgullo y felicidad cada vez que pronuncio tu nombre pero admito que tiemblo cuando en mis pesadillas te veo con otro hombre.
Y es que temo esta vida, cuando recuerdo que nada es para siempre, porque cuando algo me gusta lo noto muy interiormente. Ahora soy consciente de lo que escribo, pues siento lo que percibo, así que chica... esto debe de ser que te quiero y por eso te lo digo.
Llego a la conclusión que ni tarde ni temprano, el amor no entiende de tiempo ni de edad, tardando dos largos años en dejarme volver a querer a alguien de verdad.
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1 comentario:
Me quedo con dos grandes frases:
La de cobijarse en las tetas, a ver a quién no le gusta eso... hahaha
Y la de: me llena de orgullo y felicidad (satisfacción, casi, hahaha)
Por lo demás, genial el escrito, estás como una jodida regadera y eso me gusta. Un afectuoso (N)
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